La idea del sufrimiento como potenciador del arte. Un escultor deja de dormir tres noches seguidas, el desamor lo ha tomado del cuello, hace una escultura propia de un estado físico no natural, años después se le descubre muerto en su casa, suicidio en nombre de la búsqueda, grandes creaciones se descubren en su taller, comprensión existencial que consistía en descomprender a Dios, en no poder amar, en no poder relacionarse. "Pero es que así son los genios".
En un programa televisivo de debate del canal 40 de México una escritora dice que sus mejores momentos para escribir es cuando le duele-el-amor. Una estudiante de artes plásticas de Bellas Artes va a dar al hospital luego de intentar cortarse las venas. Uno de sus compañeros la alcanza en el mismo hospital porque tiene una descompensación terrible, bebe, fuma, come cualquier cosa, lee los diarios, profundiza en los Grandes Temas en los cafés y a veces en las fiestas, se devora a Gombrich y a Wittgenstein, duerme poco en nombre de todos sus trabajos de escuela, arte iniciático que le dará un nombre con el tiempo, un status, un reconocimiento por su habilidad para confrontar a los espectadores con su propia hipocresía, sus demonios, sus limitantes. El arte detrás de un cordón rojo y una entrada de 20 pesos con credencial de estudiante, arte legítimo. Mientras tanto, ya fuera del lienzo, el amor sigue siendo imposible, sigue doliendo, en vez de vivirlo lo sufrimos, en vez de compartirnos caemos en frases propias de publicistas como ¿Quién entiende a las mujeres?, ¿Quién a los hombres?.
Van Gogh es grande, eso de la oreja y no haber vendido un solo cuadro en vida, también Pollock, Kahlo, Dalí, qué manera de canalizar sus sufrimientos, sus tormentos, sus soledades: evidentemente el arte se nutre del constante y legitimador sufrir de sus creadores, para ser artista hay que ser alma atormentada, quedarse sin creencias, fumar a contraluz.
Hay quien pasa su vida fabricando argumentos para demostrar que el ser humano no es libre. Hay quien desecha de su vocabulario (habitual y estético) palabras tan inofensivas como felicidad o bienestar. Hasta en el cine es necesario crear un guión en base a un “conflicto” que desprenda el resto del relato ya que si no la película no resulta interesante, ni siquiera sería considerada película.
Vamos heredando, sin que ninguna generación busque otras posibilidades, esta idea del sufrimiento como potenciador de lo narrativo, de lo estético, de lo filosófico, de lo genial.
Pero entonces, ¿sería posible la obra plástica, literaria, cinematográfica donde la felicidad sea el potenciador de ésta? Seguramente sí, pero sería caer en la misma forma de operar sólo que a la inversa, cuando de lo que se trata es de comprender las amplias posibilidades que tenemos los creadores al momento de desarrollar una novela, un poema, un cuento, una pintura, una escultura, una película, una música.
No puede apreciarse el arribo al cielo del héroe sin un descenso previo a los infiernos, pero así llevamos ya bastantes siglos sin buscar que la cosa cambie. Si algo tiene como gran característica ésta época que vivimos, es la apertura, la develación, el surgimiento (resurgimiento en algunos casos) de muchas formas de conocimiento que giran en torno a las mismas verdades: la unidad (son equivalentes lo divino y lo mundano, lo observado y el observador, los extremos lo son gracias a que comparten una misma línea, una misma energía, etc.), la correspondencia entre micros y macros (planeta-universo, hombre-dios, microorganismos-hombre, molécula-materia, etc.), el amor como máximo grado de conciencia (cuando has amado, aunque sea por un breve instante, todo lo que tú eres (por dentro y por fuera), incluyendo enemigos (los mejores maestros) y conflictos (las mejores lecciones), entonces lo has comprendido todo, la vida se muestra en su sentido más puro, más lógico, más natural, más humano). Prácticamente éstas formas de conocimiento nos llevan a pensar en que uno es libre en la medida en que uno se siente libre, así como uno es alma atormentada en la medida en que uno se ve a sí mismo alma atormentada. No hay genios verdaderos (es decir, personas especiales que se distinguen de la masa) ya que todos tenemos la misma capacidad de ser nosotros mismos, y esto significa ser no importando las circunstancias sociales, culturales, económicas, geográficas, biológicas, psicológicas y demás factores con los que justificamos nuestra costumbre que tenemos de no sentirnos felices (costumbre que en algún momento empezamos a adoptar por los factores que hayan sido, éstos no importan ya que pensar en ellos sería como concentrarse en el temblor y no en la reconstrucción).
La creatividad, la inteligencia y la belleza no van ligadas con el sufrimiento pero tampoco con la felicidad. Hemos estado concentrados en que con el sufrimiento se canalizan los más hondos sentires, pero sentires así se han perpretado también en otras épocas desde el éxtasis o el placer, algunos libros sagrados son prueba de ello. Digamos que con el sufrimiento (los tormentos, el desamor) hay mucha gente que siente la necesidad de escribir, de pintar, mientras que con la felicidad (el placer, el amor) ni siquiera sientes la necesidad de mostrarle al mundo tu obra.
Sufrimiento / Felicidad no van de la mano con la creatividad artística porque tu autoimpuesto sufrimiento o tu natural felicidad definirán tu experiencia como creador: si eres feliz y escribes o pintas pero no pasa nada con tu obra, tú seguirás feliz; si escribes o pintas y tienes éxito comercial, tú seguirás feliz; mientras que si el mundo te atormenta y escribes o pintas pero no pasa nada con tu obra, seguramente se agudizará tu sufrir (beberás estéticamente, probarás drogas para experiencias anticonvencionales, fumarás a contraluz, sentirás todo excepto la unidad, te sentirás desligado de los oficinistas y empresarios, te sentirás incomprendido); si escribes o pintas y tienes éxito y reconocimiento, seguramente se agudizará tu sufrir (beberás estéticamente, probarás drogas para experiencias anticonvencionales, fumarás a contraluz, sentirás todo excepto la unidad, te sentirás desligado de los oficinistas y empresarios, te sentirás genio-y-figura).
En lo personal, he comprendido que la felicidad no es cursi, que el placer es un estado muy interesante sobre todo porque es el estado natural, lógico, universal del ser humano: en donde hay placer puede reconocerse el sentido de la vida: comemos para dar vida a los componentes de nuestro cuerpo, tenemos sexo para procrear pero también para hacer crecer un vínculo con la otra persona (hasta el sexo entre desconocidos hace nacer un vínculo), cuando hacemos lo que nos gusta sentimos placer y entonces “nos sentimos vivos” o “renovados”, en fin. No en balde es a lo que llega un budista luego de sus largas contemplaciones, un kabalista luego de su aprendizaje (teoría y práctica), cualquier individuo luego de alcanzar una meta, por lo tanto, la felicidad también cabe en la búsqueda estética, en la obra resultante de dicha búsqueda, no es necesario sufrir de desamor para hacer poemas bien sentidos y bien bonitos, vivir una pérdida para hacer una canción que sea hit en la radio (véase a Chambao, por ejemplo), atormentarse por la otredad para hacer una novela de 620 páginas que sea exquisita entre especialistas, cortarse una oreja, morir de gota o tener jodida la columna para llegar al MoMA de Nueva York. Ya muchos han vivido el camino del sufrimiento como potenciador del arte como para venir a repetirlo a estas alturas. Gracias Frida, Hesse, Delmore Schwartz, Lou Reed, Martín Urieta, éste texto va para ustedes.
*Favor de visitar éste link para ejemplificar que al arte se le puede llegar también desde el sarcasmo, el humor, los sueños, la ironía: http://dessdeaqui.blogspot.com/
02 septiembre 2007
01 septiembre 2007
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