06 febrero 2008

Apuntes personales sobre el concepto de éste blog (tríptico)

I. ENCUENTRO CON UN NOMBRE

Como es todo lo que conocen, piensan que lo que están mirando es la realidad.
ALAIN SUMMERS, Manual de Holografía

El nombre vino por impulso. Sin pensarlo. Primero nació el nombre y luego el blog. Había dejado de escribir mucho tiempo y la frase Generar el Éxodo comenzó a rondar por donde rondan las frases insólitas, los recuerdos jamás vividos, las canciones sin nombre, así hasta convertirse en esto que es hoy en día, año y medio después. El blog ha durado todo este tiempo acaso por la falta de decisión de borrarlo todo de un plumazo (de un clickazo), ganas no me han faltado ya que siento que mi escritura no se ha potenciado lo que esperaba con éste blog, no soy disciplinado y de un tiempo para acá perdí toda la riqueza de temas que quería desarrollar aquí, en un principio esotéricos y kabalistas, posteriormente indefinidos, al final evanescentes, sin formas claras.

Ahora me detengo un poco en lo que la frase Generar el Éxodo significa y que en su momento no analicé. Éxodo me suena a huida, a deseo de liberación. No sólo es un viaje, un desplazamiento de A a B, sino más bien un escape sin rumbo definido, salir de A para, de entrada, no regresar a A. El éxodo es colectivo, introspectivo. El género cinematográfico más ad hoc para el éxodo son las road-movies tipo “París Texas” o “Bajo California”; su soundtrack sería el jazz, el be-bop, el klezmer; su pintura la de Rothko; su literatura Bolaño, Kerouac, cualquier escritor balcánico.

Pero ¿qué clase de éxodo habría que generar? ¿De qué sería bueno huir sin ánimo de retorno? Me parece claro: el éxodo sería hacia la autoliberación. Aunque, ¿liberarse de qué?.


II. SEPARACIÓN Y UNI(CI)DAD

Como que me llamo Leonardo, afirmo que las creencias que hoy profesan la mayoría de los seres humanos no están basadas en la convicción del individuo, sino en la costumbre cultural y miedo al castigo.
LEONARDO STEMBERG, Contranálisis I

Todo cuanto existe en el mundo alberga un mismo principio, que es el principio de separación: un edificio de departamentos existe para que cada departamento sea el territorio propio de sus respectivos habitantes, entonces éstos tendrán que delimitarlo, defenderlo, tal vez no en una guerra, pero sí con hechos tan simples como ponerle seguro a la puerta, el cual es un rechazo a la posibilidad de que cualquier otro entre. Un país ataca a otro (generalmente vecino) en defensa de su territorio, su cultura, su nacionalismo, sus creencias, casos como Israel y Palestina, los Balcanes, India y Pakistán, la línea fronteriza entre Estados Unidos y México son frecuentes a lo largo de la historia. Claro que también al interior de los países hay diversos territorios que forman una especie de subpaíses que a su vez se separan entre sí como el caso de España. Y todavía más al interior hay peleas en nombre de las fronteras entre barrios, pueblos, colonias, etc., cualquier ciudad latinoamericana o estadounidense tiene sus historias internas al respecto.

Defendemos éstos territorios (lo que sentimos que “nos pertenece” (igual a: que-nos-separa)) de los que son de distinta preferencia sexual, ideología política, raza, país, cultura, nivel educativo, nivel intelectual, religión, credo científico, equipo de fútbol, estado de salud (cualquier enfermo está hecho a un lado, los enfermos mentales, los paralíticos, los ciegos, los sidosos, los cancerosos, bueno, hasta a las embarazadas las tratamos como mujeres que no pueden hacer nada, que no deben moverse, aunque eso las lleve a una inactividad corporal que sirve de poco para el parto ya que el cuerpo ha perdido condición y en el parto se necesita saber respirar, elasticidad, resistencia física).

El principio de separación consiste en lo siguiente: esto es mío (mi nombre, mi casa, mi cuerpo, etc.) porque aquello-otro-no-lo-es. Entonces, ¿no sería bueno abandonar la bandera inconciente de la separación y adoptar el entendimiento conciente de la unicidad?

DICHO DE OTRO MODO: ¿no sería bueno comprender que la realidad aparente, tal cuál se nos presenta, está creada desde la dualidad, desde lo corporal (todo lo que es cuerpo es vulnerable y está separado por definición), y que si nos regimos a sus estándares, lo único que obtendremos será inconformidad, dualismo, vulnerabilidad, egoísmo, separación, individualidad sin sentido?

DICHO DE UN TERCER MODO: nuestra emancipación no sólo ha de ser buscando la propia voz, el propio criterio, sino a favor de ir más allá de lo que perciben nuestros sentidos (ya que los sentidos son los responsables de cómo decodificamos éste mundo): la unicidad es lo contrario a la separación, desde la unicidad puedes ser crucificado y no reconocerte desde el cuerpo (tu cuerpo puede estar siendo lastimado pero tu mente ya no está concentrada en él) sino desde Dios, desde el reino de Dios, desde tu hábitat espiritual, entonces, en vez de ver como enemigos a los que en apariencia te dañan, los ves como personas que están en su propio proceso, como seres humanos que no han podido salirse de este gran enredo (sueño colectivo, ilusión) que es el plano físico de la realidad, o sea, tienes empatía por tus enemigos porque éstos no son tal cosa sino que son como tú. Eso es, por ejemplo, el legado de la crucifixión en Yeshua (Jesús): la invulnerabilidad (o el no sufrimiento cualquiera que sean las circunstancias) ya que, sin juicio, sin ego, sin identidad con el cuerpo, no puede haber crítica, separación, dolor.

UN CUARTO MODO DE DECIRLO SERÍA: rechazar las jerarquías totales que rigen nuestro mundo ya que, cuando lo haces, dejas de ser víctima y victimario, tampoco eres menos que nadie ni más que nadie, simplemente hay vida en su estado puro. Ejemplo: al rechazar la jerarquía del cuerpo (o lo adoramos o lo menospreciamos pero de algún modo, dentro de nuestra sociedad, lo asimilamos desde alguna de éstas dos jerarquías) habría la tranquilidad necesaria como para no sufrir por los flacos y/o los gordos, como para no sufrir por las enfermedades, como para no querer dañarte al comer de más o al sacarte la comida en protesta de algo (la psicología se ha encargado de explicar éstos mecanismos durante el siglo pasado), etc. Sería maravilloso ver al cuerpo como una manifestación de lo que no es la Unidad, lo que implica que difícilmente podremos llegar a la verdad de Dios si nos concentramos en el cuerpo, lo que no quiere decir que no le hagamos caso en el hambre o la enfermedad, el punto es no concentrarse en él, no significa gran cosa más que un hecho más del mundo que se ha creado desde la separación.

El cuerpo es la máquina perfecta… hasta que algo comienza a andar mal con él.
La naturaleza es sagrada, bella, lo máximo… hasta que un huracán o un temblor arrasa con un poblado.
El universo es magnífico, misterioso, inverosímil… hasta que se forma un hoyo negro y hace desaparecer tu planeta.


III. GENERAR EL ÉXODO

Afirmar públicamente en aquel tiempo que Dios no había creado el mundo podría haber sido fatal para mí. Así era entonces, así es ahora, y gracias a vuestra libertad de expresión todos estos principios se extenderán a medida que avancemos. El resultado será un sistema de pensamiento que no es el lineal, sino holográfico, donde el todo se encuentra en cada una de las partes.
GARY R. RENARD, La Desaparición del Universo

Si entre los seres humanos existe la sospecha, la incertidumbre de Dios, no es nada más por que sí. Dios no está en el tiempo ni en el espacio (ya que entonces habría nacido y habría de morir). Por definición no puede estar en nada que tenga forma (cosa lógica aunque poco difundida). Por lo tanto, todo lo que tiene forma no tiene que ver con Dios ya que al tener forma está fragmentado y no es Unidad, eso incluye a los cuerpos, eso incluye a la Biblia, eso incluye al dinero, eso incluye a la Tierra, a la Naturaleza, al dador (y ¿quitador?) de vida por excelencia: el Sol, al Universo entero. Entonces, ¿no sería fascinante un éxodo hacia un “lugar” que no tenga nada que ver con los cuerpos, el tiempo, el espacio, el universo en sí?

El éxodo colectivo hacia la mente potenciada, la mente libre, la mente tranquila, esa mente sin culpa, sin angustia, sin ánimos separatistas, esa mente que no por ser espiritual abandone en vida la realidad de éste planeta, lo cual significaría ser siempre libre con o sin dinero, con o sin posesiones, con o sin prestigio social, con o sin licenciaturas, con o sin sexo, con o sin varios libros leídos, con o sin religión, con o sin pareja, con o sin matrimonio, con o sin premios, con o sin castigos, etc. Esa mente de la que no hablan las religiones, de la que tampoco hablan ni el New Age ni la metafísica ni la astrología, mucho menos las humanidades, la política o la ciencia médica.

Dicho éxodo ha de empezar por uno. Las herramientas para comenzar a abandonar esta inconciencia colectiva de lo separado, de lo diferente, de lo extranjero, de lo dualista, son muy simples:
-el perdón hacia todo lo que perciben nuestros sentidos (dicho de otro modo: el no juzgar como bueno o malo cualquier cosa que sabemos del mundo)
-la empatía hacia todos los seres vivos
-la bondad hacia ellos (el dar sin esperar recibir)

En fin.

20 diciembre 2007

About Nueva Era. About ego.

El concepto de Nueva Era (New Age) tiene varias décadas de vida. De definición noble, éste amplio concepto busca estructurar todos aquellos conocimientos emergentes de las últimas décadas alrededor del bienestar humano, de la espiritualidad, del cuerpo armonizado, de la mente despejada, etc. Sin embargo, en lugar de abolir fronteras, éste concepto las ha creado aún más. Lo relativo a la Nueva Era llega a promiscuirse con las publicaciones en torno a la superación personal, en cambio, tiene una guerra declarado con los círculos artísticos, literarios, mientras que con el mundo empresarial llega a conectarse pero de manera tangencial.

Tengo la percepción de que al pensar en New Age las imágenes que se asocian son la música de Vangelis, los spas-temazcales, los chakras como referencia para todo, los libros facilitos que dicen que ahora nuestro papá es el universo, las populares (pero en sí desconocidas y/o mal explicadas) profecías mayas, o bien la de un hombre (no muy viejo pero sí muy sabio) barbón vestido de blanco, con collares, fumador de marihuana, en fin.

Creo que la desvirtuación del concepto Nueva Era se ha dado porque la publicidad lo adoptó para promover muchos productos que de un tiempo para acá emplean la bandera de la conciencia, la armonía y demás en aras comerciales, lo cual no está mal, no pasa nada con ello, el problema está en lo que se genera a raíz de la descontextualización del concepto, del desgaste de dichas palabras: la percepción colectiva en torno a lo New Age en estos tiempos provoca más bien la separación en lugar de la unidad, el prejuicio en lugar del criterio.

Otro inconveniente que veo es que los grupos (y sus obras) que abordan los temas de conciencia generalmente lo hacen de manera elitista. Los astrólogos, los metafísicos, los músicos, los practicantes de reiki o de tantas otras disciplinas energéticas y/o medicinales no se ven incómodos creyendo estar separados de los intelectuales, de los académicos, de los científicos, de los religiosos, de los deportistas, etc. Los editores y en general el sector de la publicación New Age no se esfuerza por dejar de dividir, están bien con su pequeño rincón de libros, discos y revistas en torno a la Nueva Era en las tiendas.



¿Qué hacer con tanta información sobre meditación, numerología, metafísica, astrología, yoga, mancias, religiones, etc., y tantos híbridos que sale de la mezcla de todos ellos? Para transformarlo en conocimiento (o sea, no nada más información acumulada) hace falta el criterio, que es lo contrario al (pre)juicio, y a veces eso es lo más difícil de llevar a cabo.

Yo tuve mi época de consumir únicamente libros y revistas de poesía, literatura, una que otra cosa sobre filosofía o historia. Cuando empecé a vivir con mi novia me sentía raro de compartir en un mismo anaquel sus libros New Age con mis libros intelectuales. Hasta que fui tomando conciencia de que la naturaleza del conocimiento no es la fragmentación, el conocimiento está vivo en cualquier obra, en cualquier relación, en cualquier pensamiento, en cualquier lugar, sólo es cuestión de practicar la desposesión de los prejuicios (acaso el desafío más grande de las sociedades modernas), acto que es en sí una evolución más que una revolución (revolución es revoltura, revolver, habría que quitarle de una buena vez la erre a tan gastada palabra),

Me parece evidente que hay un rumbo en específico al cual se va dirigiendo el ser humano. No deja de haber guerras (militares, políticas, sociales, familiares, culturales, etc.) ni tampoco actos inhumanos (toda Latinoamérica es ejemplo de inhumanidad política, mediática, deportiva, de corrupción y discursos separatistas), pero de manera perpendicular también existen hechos que apuntan hacia el conocimiento integral, el libre albedrío, la liberación en pleno.

Uno de éstos hechos es el libro “Un Curso de Milagros”, el cual, de entrada, es una obra inencasillable: no es religión, no es filosofía, no es manual de superación personal, es sólo una obra en torno al conocimiento (individual – colectivo – universal), que por fortuna es libro moderno en vez de libro sagrado, que explica de manera gradual cómo es que el ego es el principal desafío a vencer como individuos y como colectividad, vivamos donde vivamos, creamos en lo que creamos. Todo lo convenidamente negativo tiene que ver con el ego: si te declaro la guerra es porque creo que lo que yo pienso es lo correcto dando por hecho que lo que tú piensas está mal (la manera en que se declara una guerra puede ser con una mirada hostil de carro a carro, con un empujón en el metro, con una mentira, con un insulto al otro o a uno mismo, etc.), no importa si eres un país de otro continente, un compañero de trabajo, mi pareja, mi hijo, un desconocido, el problema está en lo acostumbrados que estamos a defender obtusamente nuestros diversos territorios mentales (la nacionalidad, las ideologías, las costumbres, el género, la raza, los objetos, etc.) ya que fuera de ellos creemos que está el peligro, lo extranjero, lo desconocido, lo que me puede hacer daño.

Por obras como el Curso de Milagros (y tantas más igualmente excepcionales, de conocimiento integral, también inencasillables) es que creo que se apunta a la abolición de prejuicios, a la apertura de todo tipo de fronteras, al combate contra el ego (o más bien, a favor de la Unidad), y todo ello no es Nueva Era, todo ello no está separado de las viejas eras de difícil acceso al conocimiento, todo es todo al mismo tiempo, así que todas estas categorías, estas etiquetas, estas fronteras, serán de menor uso gradualmente, al grado de entender que la Verdad existe a pesar del escándalo de los filósofos; que la manera de sanar el cuerpo es a través de procesos integrales, lo mismo científicos que espirituales que mentales; que nosotros no estamos separados, que la Unidad no es un concepto New Age cursi sino la meta de nuestra especie; que nos hemos creado un plano de realidad bastante limitado donde la onda es la apariencia, la ciencia, la historia, el dinero, lo que nos lleva percibir la realidad de manera fragmentada, creyendo en verdades canónicas (y muy muy muy pequeñas) como el tiempo y el espacio, la posesión, el cuerpo, la enfermedad, en fin, todo esto para terminar proponiendo que el término New Age no vuelva a usarse más, qué caray.

(para saber más sobre "Un Curso de Milagros", recomiendo ampliamente investigar por cuenta propia, siempre es mejor investigar de ésta manera)